Autor: Alberto Stoler

Introduccion 

Me encontraba en la cima de una montaña observando como el aura de la Tierra se iba diluyendo de a poco, veía desaparecer lentamente los colores vivos, y eran reemplazados por un color gris plata uniforme.
Nada quedaba de aquellos hermosos verdes y amarillos que daban vida vegetal al planeta, o de los azules cambiantes del mar; ya no se veían los colores multicolores que le daban los humanos a sus ciudades, a sus vestimentas; todo se hacía uniforme, la Tierra, parecía una inmensa llanura que se extendía en el horizonte, solo quebrada por grandes montañas y enormes cráteres profundos, en los que solo quedaba polvo.
El Sol se veía como una hermosa bola de luz, pero al no haber atmósfera, casi no se percibían diferencias de colores, solo matices de un gris triste, como haciendose eco funerario del final de un planeta.
Yo era el último, ya todos se habían ido hacía mucho tiempo, pero a mi me costaba creer que todo había terminado. 
Sabía que tambien debía partir, que tenía otras misiones que cumplir, pero no podía comenzar otra tarea sin haber podido comprender primero el porqué de este fracaso.
Mis hermanos superiores me transmitian serenidad explicándome que no había fracasado, que solo era una etapa mas en el crecimiento del espíritu, pero yo no lo entendía, por eso decidí quedarme hasta el final, y tratar de entender el POR QUE...
La Tierra ya no existía, su espíritu había partido a recomenzar su existencia en algun lugar del cosmos donde estuviese naciendo algun otro planeta, probablemente esa nueva experiencia sería mejor que la ya finalizada, o quizás sería diferente. 
Su final fue muy difícil, ya que se hizo demasiado rápido, muchos humanos contribuyeron a que asi sucediera.
Parecería que fue ayer, y sin embargo muchos espacios cósmicos temporales pasaron desde aquel momento en el que como explorador me encontre con este planeta que llame Tierra. 


1) El descubrimiento

Nuestro desplazamiento era rápido, saltábamos de una estrella a otra en espacios cósmicos relativamente pequeños.
Como avanzada estelar Alpha Centauri, nuestra misión era la de ubicar algunos planetas dentro de los sistemas planetarios estelares que pudiesen estar en un grado de maduración acordes a nuestras necesidades espirituales.
Mis hermanos Ceres y Aleph me acompañaban en esta misión, y nuestra nave se deplazaba suavemente al mando de nuestros mas sutiles pansamientos.
La alegría de poder empezar una nueva etapa para las millones de almas dispersas por el cosmos, hacía mas llevadera nuestra solitaria exploración, ya que otros hermanos se hallaban por lugares muy distantes, en misiones similares.
Llamó nuestra atención una pequeña estrella que aparentemente se encontraba en una edad intermedia.
Una vez contactada, y cuando nuestros rítmos energéticos comenzaron a vibrar en la frecuencia de la estrella, esta nos informó que poseía dentro de sus dominios, algunos planetas que podían estar en una edad madura como para nuestras necesidades.
Luego de informarnos y de presentarse como Solaris, pedimos su permiso para poder ingresar en su sistema, informandole que nuestra misión era de crecimiento espiritual y que no ibamos a alterar para nada el ritmo de su tranquila existencia.


2) La llegada

El tercer planeta del sistema nos pareció el más adecuado, su sutil aura nos daba una sensación de paz, serenidad, plenitud, que hacía eones no sentíamos.
Nos recibió con ternura, entramos sutilmente en su aura, nos entendimos casi de inmediato, y allí supe que era el lugar elegido. 
Lo recorrimos y encontramos una geografía maravillosa, valles fértiles, aguas limpias, motañas fantásticas, y una fauna y flora autóctona de fácil contactación.
Descendimos en un hermoso valle, en el hemisferio norte del planeta, previo su permiso y aceptación de cual era nuestra misión, y procedimos a conectarnos con nuestros hermanos superiores para darles la noticia del descubrimiento.
Una vez contactados, y que ellos procedieran a traves nuestro de ver y sentir el lugar, se resolvió comenzar con el experimento espiritual de crecimiento que llamamos HOMBRE.


3) El hombre

Después de un riguroso estudio de las especies originales del planeta, decidimos realizar una reunión intergaláctica, a la que concurrieron hermanos de todas las galaxias, en ella resolvimos que un bípedo que se desplazaba semiergido, que se alimentaba de hierbas, una especie muy especial del planeta de fácil reproducción, y que poseía cierta similitud con el patrón intergaláctico general, sería el encargado de portar la semilla para el crecimiento de las miríadas de almas que estaban necesitando realizar esta experiencia.
La encarnación comenzó lentamente, tratando de no dañar nada, hicimos que las almas comenzaran a encarnar en las crias que iban naciendo y, que el proceso de crecimiento, fuera lento, para no perturbar el normal funcionamiento del planeta, que por una idea que surgió en mi mente, la llamamos Terria, que con el correr del tiempo se transformó en Tierra.
La historia del hombre a partir de aquí es tan conocida por todos nosotros que sería redundante volverla a recordar, pero si es importante darnos cuenta del final de esta historia.


4) El Fin

El hombre creció y evolucionó, pero en algunas oportunidades torció su camino y llevó a la destrucción casi total de su especie, esto sucedió seis veces, y en cada una de ellas, tuvimos que intervenir directamente para evitar la destrucción total de la especie.
En todas estas veces, la Tierra nos ayudó a través de sus reacciones climáticas, a limpiar y a evitar el daño permanente a su superficie, era jóven y podía regenerarse con facilidad.
Pero la séptima fué la última.
Corrían los albores de lo que el hombre llamó el siglo XXI, cuando comenzó el principio del final de Tierra y del hombre.
En la última parte del siglo XX, debimos de intervenir para que no se destruyera todo el sistema de Solaris, el Sol para el hombre, debido a experimentos "científicos" en los cuales comenzó el hombre a experimentar con la "energía atómica", llamada así por el hombre, pero sin saber que estaba intentando abrir una puerta que lo llevaría a una destrucción total, ya que dicha energía en realidad es la energía estelar, la energía de la creación, que solo puede ser utilizada por nuestros hermanos superiores con la autorización del Hermano Supremo, ya que su utilización es posible con el máximo amor y sabiduría, algo de lo que el hombre carecía en esa etapa de la evolución.
Logramos algunos avances, pudimos detener esta escalada, pero lamentablemente por poco tiempo.
Casi a fines de ese siglo, recomenzaron las experiencias nucleares, volvieron a explotar las llamadas "bombas atómicas", debido a la ignorancia y ambición de algunos líderes políticos, y siguió la destrucción del ecosistema Tierra, con el agravante de que la misma ya no poseía tanta fuerza para poder contrarrestar la destrucción a la que estaba siendo sometida por el hombre.
Empezamos a intervenir cada vez con más asiduidad, pero sabíamos que, de acuerdo a las instrucciones precisas que teníamos, que no podíamos interferir en el transcurso de los acontecimientos, sino de forma indirecta.
Decidieron nuestros hermanos mayores que muchos de nosotros encarnaramos en esta última etapa para ver si, de alguna forma podíamos evitar este final apresurado, pero lamentablemente poco pudimos hacer, solo preparar a algunos hombres para su traslado a otros planetas que estabamos prepararando para poder seguir con este plan evolutivo.
El resto de las almas debería seguir el camino anterior, es decir esperar a que comience un nuevo plan de crecimiento en otro lugar de la galaxia.


5) Epílogo

No es mi intención contar como fueron los últimos tiempos, ya que me duelen demasiado, casi sin darme cuenta me involucré demasiado con esta historia del hombre y eso no nos puede pasar a nosotros los hermanos de avanzada, ya que nuestra misión es encontrar los lugares y comenzar las historias, pero mis sentimientos estaban puestos en este hermoso planeta que llegó a embelesarme, al que llegué a amar profundamente, y creo también que de alguna forma me involucré tanto con el hombre, que realmente mi amor por él fué muy grande y hermoso.
Bueno, tengo que dejarme de sentimentalismos, mis hermanos me llaman a la nave, debo partir en la búsqueda de un nuevo planeta para comenzar una nueva etapa.
Veo por última vez al planeta, ya nada queda en él, todo es gris, monocromático, triste.
Antes de partir voy a dejar en él estas notas, por si alguna vez retorno, o si alguna otra avanzada la encuentra.
Creo entender que el hombre destruyó su propio hábitat por que se olvidó que el objetivo principal de su existencia era el crecimiento espiritual y no el crecimiento material, y le dió mayor preponderencia a lo científico por sobre lo espiritual.
Me olvidaba..., mi nombre es Mehiash...
Este manuscrito se terminó de escribir en el año terrestre, tiempo humano del 2044 d.c.

Mehiash de Toliman (Alpha Centauri)